Algunos aportes sobre la teoría sociológica-antropológica del consumo en España no se entienden sin los giros y aportaciones teóricas y metodológicas llevados a cabo por el Profesor Luis Enrique Alonso. Ofrecemos como lectura relajada de verano la versión resumida de uno de sus mejores textos. Lo hacemos en tres entregas. Esta primera hace referencia a los inicios de la teoría socioantropológica sobre la aproximación a la nociones de necesidad y consumo.
La
pretensión de hallar un marco naturalista objetivo y
general para definir la noción básica de necesidad ha
quedado definitivamente rota ante la magnífica profusión de
objetos, símbolos e imágenes que la moderna sociedad
postindustrial ha asociado indisolublemente al acto mismo de
consumir. De tal modo que el concepto clásico de necesidad,
que aparecía como el vínculo estable entre consumo y
bienestar, deja de tener un carácter individual, fisiológico
y autónomo, para desdibujarse en un espacio informe que
amplía la problemática desde el campo “objetivo"
de la necesidad hasta el subjetivo mundo del deseo y que sólo
encuentra una posible vía de estudio en su contextualización
histórica. Sin embargo, un análisis profundo del tema
de las necesidades no es, ni mucho menos, ocioso. Para un buen
número de autores procedentes de la economía política y
la administración social el diseño de un concepto
operativo de necesidad -y de su origen social- es imprescindible para
fundamentar las prácticas estatales de bienestar social; y más
en estos momentos cuando las más furibundas embestidas contra
el denominado "Estado del Bienestar" amenazan con
desproteger y hundir definitivamente en la marginalidad a sectores de
la población para los cuales el tema de la necesidad no es
algo que se plantee como un elegante debate teórico, sino como
una sangrante y difícil realidad cotidiana.
El
consumo ha alcanzado postmodernamente toda la dimensión de su naturaleza
social. Convertido en el residuo metafórico de la cobertura de las necesidades
fisiológicas, se define como símbolo de estatus o de su proyección cultural.
social. Convertido en el residuo metafórico de la cobertura de las necesidades
fisiológicas, se define como símbolo de estatus o de su proyección cultural.
La
presentación convencional del concepto de necesidad y su
ordenación es la idea sobre la que debemos centranos. La
forma habitual de presentar el tema de las necesidades ha sido
introducir algún tipo de ordenación o graduación.
De esta forma se suelen separar las necesidades de tipo primario
(aquéllas que resultan básicas o vitales, ligadas a la
supervivencia del individuo como un ente fisiológico), de
las de tipo secundario (cuyo origen estarían socialmente
inducidas). Así el antropólogo Bronislaw Malinowski,
allá por los años treinta, no sólo formulaba una
jerarquía de necesidades sino que hacía también
de élla el elemento institucional profundo que articulaba toda
sociedad. De tal modo que habría, en principio, necesidades
primarias, tales como la necesidad de nutrirse o de beber; la
necesidad del sueño o la necesidad de satisfacciones sexuales,
etc. Y así habrá entonces a continuación
necesidades secundarias; entre éllas se distinguen las
necesidades instrumentales y las necesidades integradoras. En efecto,
los hombres se agrupan, elaboran técnicas y ponían a punto
procedimientos al objeto de satisfacer sus necesidades primarias;
estos procesos, permitiendo la satisfacción de aquellas
necesidades originan a su vez otras, las necesidades instrumentales:
necesidades de promover la cooperación, de arbitrar los
conflictos, de conjugar los peligros que amenazan a la comunidad etc.
Estas necesidades instrumentales suscitan al tiempo
respuestas institucionales: sistemas de comunicación
(lenguaje, signos), sistemas de control social (normas sanciones),
sistemas simbólicos (creencias, rituales, arte, magia)... Y así
el juego de mecanismos institucionales crea, de cara a la
satisfacción de las necesidades instrumentales, la necesidad
de mecanismos integradores más complejos: procesos de toma de
decisión, legitimación de la autoridad, reglas de
sucesión, etc. Nacen, por tanto, instituciones coordinadoras
tales como estructuras gubernamentales, religiosas o jurídicas
[para la satisfacción de necesidades socialmente
desarrolladas].
Aprovisionamiento no mecanizado de pescado por parte de
un esquimal sobre la superficie congelada del Mar de Barents.
Por otra parte el psicólogo norteamericano Abraham Maslow establecería una escala funcional de necesidades -muy utilizada en investigación comercial y en sociología de la empresa-, diferenciando, de entrada, un conjunto de necesidades básicas menores y superiores. Las necesidades básicas tienen un carácter instintivo y se ordenan por sí mismas en una jerarquía perfectamente definida según un principio de potencia relativa. Esto es, la satisfacción de cualquier necesidad permite que otras más débiles que habrían sido desplazadas pasen a primer plano para presentar su motivación: la satisfacción de una necesidad crea otra en un proceso que no conoce fin (economía de la elección). Maslow distingue cinco grupos de necesidades básicas jerarquizadas funcionalmente, según el principio anteriormente citado, según las cuales, una necesidad de necesidades suscitará una motivación consolidada sólo cuando su nivel inmediato inferior esté saturado. De tal modo que los grupos vendrían a definirse como, en primer lugar, las necesidades fisiológicas (asociadas a la homoéstasis o equilibrio normal y constante del organismo humano); segundo, las necesidades de seguridad o de preferencia por la pervivencia estable en el mundo; en tercer lugar, las referidas a las necesidades de posesividad y amor, ligadas al deseo del individuo de establecer relaciones afectivas con su entorno humano; según Maslow, el cuarto grupo en decremento de prioridades correspondería a las necesidades de estima personal o auto-precio, reflejo de la evaluación que la persona hace de si misma con respecto a los otros; y ya por último y definitivo, en quinto lugar, la necesidad de autodesarrollo o realización producidas por el impulso del hombre a explicitar sus potencialidades creativas. Cuanto más inferior sea la necesidad, más individualista y egoísta es el sujeto que persigue satisfacerla; sin embargo, la búsqueda y satisfacción de necesidades superiores requiere el concurso de un grupo social y, por tanto, tiene un carácter cívico y de convivencia siempre deseable.
En
el terreno estricto del análisis económico nos
encontramos sorprendentemente con el carácter
aproblemático con el que el concepto de necesidad ha gozado en
la teoría económica dominante tanto desde el
utilitarismo clásico, pasando por el marginalismo neoclásico
hasta en el modelo mecanicista racionalista (consciente éste
último del homo económicus). La necesidad es
entonces la simple manifestación (bajo el comportamiento de
demanda y consumo) de los estados mentales subjetivos del
comprador; la necesidad es, en definitiva, el deseo de disponer de un
bien que tiene utilidad para producir, conservar o aumentar las
condiciones de vida agradables: se excluía de esta forma
cualquier criterio de distinción sobre la mayor o menor
necesidad objetiva de los bienes. El resultado, por tanto, fue en
palabras de Galbraith "divorciar la economía de
cualquier juicio sobre los bienes que le conciernen; cualquier noción
sobre su necesidad u ociosidad, sobre su importancia o
superficialidad, fue rigurosamente excluida de su campo de
conocimiento". Sin embargo Keynes, con su habitual
habilidad para situarse en los problemas reales y superar los juegos
económicos abstractos, diferenció dos clases de
necesidades humanas. Unas necesidades absolutas que se expresan
en toda situación y por todos los individuos por una parte; y
unas necesidades relativas cuya satisfacción nos elevaría
por encima de nuestro prójimo, haciéndonos sentir
superiores, por otra (consumo aspiracional). Si bien ese segundo tipo
de necesidades -las relativas- son insaciables, ya que cuanto
más elevado sea el nivel social general, serán también
de orden más elevado las necesidades generadas, las
necesidades absolutas, por el contrario podrían ser
satisfechas -en caso de no existencia de cualquier catástrofe
bélica o demográfica- por el aparato productivo en un
tiempo no demasiado dilatado, dejando de ser el problema permanente
de la raza humana. Esto es lo que condujo a una crítica de la
versión naturalista del concepto de necesidad. Pero esto, con tiempo, lo trataremos en la próxima entrada.
Definir un concepto de necesidad requiere de la domestificación
de las ideas que le dan forma. Duchamp elevó a la categoría de obra
de arte un instrumento orientado a cubrir las necesidades mundanas.
Transformó una objeto de bienestar fisiológico en uno de autorealización.
Quiso criticar la demarcación de las necesidades y la concepción del arte.
de las ideas que le dan forma. Duchamp elevó a la categoría de obra
de arte un instrumento orientado a cubrir las necesidades mundanas.
Transformó una objeto de bienestar fisiológico en uno de autorealización.
Quiso criticar la demarcación de las necesidades y la concepción del arte.
Luis
Enrique Alonso Benito es Licenciado y Doctor en Ciencias Económicas
por la “Universidad Autónoma de Madrid (UAM)”. Desde 1984
hasta la actualidad, ejerce como profesor en el seno del Departamento
de Sociología de la Facultad de CC. Económicas de la
Universidad Autónoma de Madrid (UAM) -donde ha sido Profesor
Titular de Sociología y hoy es Catedrático-; se ha
encargado de impartir más de una decena de materias en el
ámbito de la Sociología de la Empresa y de la Economía,
dentro de los grados y postgrados de esa Facultad. Ha ejercido
docencia internacional en las universidades de Southbank de Londres,
París IX (Dauphine) y París I (Laboratoire “Georges
Friedmann”); asímismo en la “Universidad de Xalapa”
(Veracruz, México) y en la “Universidad de la República
del Uruguay”. Especializado en Sociología Económica y
en el Análisis e Investigación Sociológica de
los Fenómenos de Acción Colectiva y Movimientos
Sociales. Asímismo, ha dirigido investigaciones en el ámbito
de la Unión Europea (programa Comett, DG5), acciones
concertadas con la “Universidad de Cardiff” (programa British
Council/Ministerio de Educación) y proyectos competitivos de
la Dgicyt, entre otros. En la UAM coordina el grupo de investigación
estable “Estudios sobre trabajo y ciudadanía”.
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