jueves, 15 de septiembre de 2011

Historia coetánea de la estupidez humana contada por un helado (I).


Hay dos modos de entender la estupidez humana: por una parte está, mediante su exposición, aquella que se manifiesta como la consecuencia desbordada de haber dado rienda suelta o desmesura a los impulsos naturales del hombre; y por otra, su contrario, cuando se practica un exceso de celo en regularlos, esto es, cuando se da vida a normas burocráticas con objeto de prevenirlos o bien se anticipan a ellas prejuicios socialmente construidos para neutralizarlos. Ambos extremos son contraproducentes en tanto en cuanto le niegan a la humanidad el disfrute de su progresión cultural y de bienestar. Esto es un modo de contarlo, sí, desde la perspectiva de la promoción de un producto: el producto sofisticado lácteo, el helado.






Cuando en Estados Unidos los niños y jóvenes norteamericanos dejaron de beber leche a mediados de los ochenta para sentarse a ver a Michael Jordan o Magic Johnson junto a un refresco de cola y unas palomitas, la guerra publicitaria entre los principales fabricantes de aperitivos, PepsiCo. y Coca-Cola Company, se acrecentó. En el país donde la publicidad comparada es un epifenómeno distintivo de su cultura promocional de masas, ambas compañías no sólo habían desbancado a las meriendas tradicionales, sino que además luchaban por desmarcarse de su equidistancia. Merecería la pena porque sabían además que esos niños y adolescentes no estaban solos: el mejor basket de todos los tiempos reunía a los hogares al completo en un contexto de diversión y consumo familiar. Puesto que el mensaje publicitario llegaba a través y desde este canal a los agentes prescriptores de compra, tradicionalmente sincretizados en el papel de la madre y de los más pequeños de los hermanos, las centrales de medios ofrecieron estos espacios a sus más íntimos clientes. Familia y televisión todo en uno. Para las compañías y las agencias de publicidad esto supuso entonces la más importante sinergia mercadotécnica audiovisual desde la década de los cincuenta (reposiciones de “La Pandilla” y series familiares como “Superman”). Despertadas sus conciencias comerciales, con permiso de “The Cosby’ Show”, las marcas asumieron el deporte retransmitido como la mejor plataforma para ofrecer una mayor promoción global y optimizada de sus productos: seguimiento masivo de audiencias y alcance, target femenino incorporado al segmento deportivo, niños del consumers boom y una población crecientemente envejecida que pasaba demasiado tiempo frente a las networks en abierto representaba el sueño de todo técnico en seguimiento de audiencias. Los refrescos, las hamburguesas y las zapatillas deportivas, triunfaban.



Kellogg's financió la serie infantil "Superman" (1955). El consumo de leche
se incrementó entre los niños al tiempo que los cereales entre sus adultos.


El rezagado lobby lácteo norteamericano, no obstante, supo llevar a cabo una lectura inteligente de todo ello y presentó batalla al sector de los aperitivos bajo la intensa campaña “Got Milk?”. Empleando las mismas armas televisivas, desde los programas infantiles hasta sus primeras emisiones en el intermedio de la “SuperBowl”, la popularidad de la leche y sus derivados como valor nutritivo subió como la espuma. Las terrinas de helados que impedían manchar los tresillos comenzaron a rivalizar con las grasientas patatas; y los batidos de chocolate o vainilla, especialmente en los populares hogares de clase media, fueron ganándole poco a poco terreno a los tradicionales refrescos gaseosos. Nada en principio sorprendente: al fin y al cabo un batido implicaba un refresco al tiempo que el helado un aperitivo; de igual modo suponían una recompensa nutritiva al mismo tiempo que una golosina “taking away”. El producto lácteo helado o licuoso-refrigerado se encontraba en esa confluencia de equilibrios consolidándose entonces como un bien sustitutivo frente a los hidratos de carbono y las calorías vacías. Con toda esta suerte y cúmulo de sinergias, no tardaron en imponerse en el sector las diferentes rasgos de producto genuinos de la cultura americana tales como los formatos de la abundancia, los "XL", las más diferentes cremosidades cuando no exóticos sabores y así hasta llegar a la inclusión de retales de frutas, galleta, frutos secos y trozos de chocolate (cookies’n’cream). El derivado lácteo se complejizó y se puso a la vanguardia de otros  productos de recreo que con anterioridad ya le había tomado la delantera.

Así se cuenta la historia de cómo la leche como producto matriz salió airada de la batalla comercial de los ochenta y relanzó el sector; conquistó el corazón de la opinión pública, y desestacionalizó sus derivados impulsando la madurez de una gama de productos que incrementaron así su volumen de ventas fuera de los lineales de las tiendas y de las cámaras de los restaurantes. Gran parte de ello se lo debió a la modalidad denominada genéricamente “ice cream”. Durante parte de nuestro reciente pasado pudimos encontrar estos productos solidificados de crema de nata y leche y sus nuevos posicionamientos físicos; bajo sus múltiples formas y degustaciones los hallamos en cines y parques de atracciones; en estadios y festivales de música empezaron a adquirir frecuente protagonismo; incluso en cada muerto rincón de edificios públicos, instituciones educativas y oficinas podíamos adquirirlos mediante máquinas dispensadoras. Llegaron a colarse incluso, especialmente en Estados Unidos, en las bases militares y entre el menú infantil de los comedores escolares; formar parte de los christmas products, a semejanza de bolitas superpuestas que asimilaban el orondo contorno de Santa Klaus, fue la última de sus excentricidades. Y de aquí partió la primera estupidez, el exceso. Porque de este boato el consumo americano cerró el círculo de la madurez del producto “helado” haciéndolo omnipresente e hipertrofiándolo hasta las más desaforadas elaboraciones, formas y gustos locales.





miércoles, 7 de septiembre de 2011

"Liquids 2011".







El pasado mes de febrero conocíamos la celebración de la “I Feria de Fusión de Bebidas & Maridajes de Aperitivos”, algo que desde “LinealCero” veníamos esperando como inicio de una nueva etapa y que, ahora conocida por “Liquids 2011”, ha dado vida bajo sus nuevos colaboradores. Sin duda qué mejor ocasión para promocionarnos conjuntamente. “Liquids 2011”, pues, se celebra la semana próxima y, aunque estaba planteada que se llevara a cabo durante el mes de junio, por motivos profesionales del sector de las bebidas y de la ciudad que lo acoge, Cáceres, el evento se desplegará durante los días que transcurren del 15 al 17 del presente mes. Pero no sólo cambia de fecha, también de emplazamiento. Dada su importancia como feria nacional, “Liquids” ha logrado convencer al sector y la autoridades extremeñas para que constituya uno de los eventos que formarán parte de la etapa inaugural del nuevo “Palacio de Exposiciones y Congresos” de la ciudad cacereña. Atrás han quedado para tal fin entornos de la ciudad previstos más vistosos como el llamativo "Paseo de Cánovas", el pleno corazón de la ciudad, o como la antigua sede de congresos de la capital cacereña, el "Complejo Cultural San Francisco". De este modo quizá haya perdido en belleza, pero ha ganado en espacio, funcionalidad y dinamismo. El cambio de ubicación, no obstante, respondía a la necesidad de disponer del espacio adecuado para albergar una parte expositiva y comercial así como una muestra dirigida al público. La institución ferial entiende que la nueva ubicación ofrecerá "mejor servicio" a empresas y público. Además el nuevo recinto permitirá ampliar el objeto de la feria a todo el sector de bebidas fusionadas en origen, incluyendo las bebidas fusionadas con alcohol.




“Liquids 2011”, impulsada por el IFECA ("Institución Ferial de Cáceres"), nace con la filosofía de ser un punto de encuentro y un banco de pruebas popular y profesional entre fabricantes, consumidores y, por supuesto, los sumilleres, bartenders, chefs y gastrónomos que realizan una gran labor de divulgación y difusión de estos productos. Como la primera de las ferias nacionales en torno al producto, contemporánea además, y dinámica de fusión de bebidas y maridaje de aperitivos, reunirá las marcas líderes del sector así como nuevas propuestas de combinados de bebidas durante los tres días de convención. La nueva feria sectorial de bebidas se mostrará abierta igualmente a todos los públicos, elaboradores, distribuidores, comerciales, profesionales del sector de la hostelería y clientes finales, siendo un punto de encuentro en el que dar conocer y descubrir todas las novedades en bebidas, cremas, helados y suministros para la industria de este sector, intercambiar experiencias y conocimientos, promocionar productos, promover nuevas relaciones comerciales, etc. La feria ha sido creada para reflejar el cambio natural y constante de la industria así como la creciente importancia en el comercio de bebidas combinadas. Cómo no, de igual tesitura para los amantes y especialistas de la excelencia gastronómica, e invitados quedan todos aquellos que se interesan y  persiguen el refinamiento en el beber y en la recreación del olfato, de la vista y del paladar.


Taller de coctelería

 Esta feria, insistimos, nace con varios propósitos, principalmente ofrecer un punto de encuentro entre profesionales y consumidores, apoyando la interrelación entre las distintas materias relacionadas con la gastronomía, fomentando el conocimiento y la difusión entre profesionales y consumidores finales, presentando las últimas tendencias, técnicas, equipamiento y evolución del sector, informar y sensibilizar a los más jóvenes sobre las propiedades nutricionales de las bebidas, así como abordar los últimos estudios sobre los hábitos saludables al elegir un cóctel o combinado, crear un banco de pruebas de combinados y entre otras cosas, institucionalizar un Premio Nacional a la mejor fusión de bebidas en distintas categorías. Según leemos en la website oficial del IFECA, algunos de los objetivos, además del carácter comercial de este tipo de ferias, son sensibilizar a los más jóvenes sobre las características nutricionales de las bebidas y presentar los resultados de los últimos estudios sobre hábitos saludables en la elección de bebidas combinadas. Además de la zona expositiva, “Liquids 2011” realizará actividades paralelas, como las “ I Jornadas Técnicas Profesionales”, que englobarán diferentes actividades como la exhibición de cócteles, el concurso de cata profesional, el concurso de cata popular, degustaciones de bebidas, talleres educativos para personas discapacitadas y para niños… en este caso, la actividad estará enfocada a la fusión de un líquido y un elemento saludable, por ejemplo helado y fruta, y conocer sus beneficios nutricionales, ampliándolos con otros consejos en relación a la dieta mediterránea, se realizarán juegos que relacionen a los niños con frutas y verduras, etc. Por si fuera poco, desde el IFECA se nos anuncia que para aderezar todas estas actividades, se vendrán a contemplar con talleres-iniciativas profesionales, clases magistrales, exhibiciones, concursos, mesas redondas, la catas comentadas, maridajes, etc. Se espera la participación de todo tipo de bebidas excepto las bebidas espirituosas según se ha informado, al tener su propio certamen; los combinados serán los que aporten las marcas de bebidas combinadas y cócteles, además de cervezas, vinos, refrescos, cafés, zumos, lácteos y derivados. La "I Feria de Fusión de Bebidas & Maridajes de Aperitivos, Liquids 2011", tiene un precio de entrada para el público de tan sólo tres euros (no podrán entrar los menores de edad, exceptuando alumnos de hostelería acreditados), a la que le corresponderá la entregan tres tickets de degustación; los profesionales podrán acceder de forma gratuita si se acreditan con su tarjeta profesional. Con respecto a las jornadas técnicas profesionales, éstas tienen distintos precios en función de la modalidad de servicio que deseen disfrutar. La jornada de puertas abiertas corresponderá al día de clausura, el sábado, por lo que se emplaza al público en general a asistir tal día, dejando las primeras jornadas para la elaboración y transcurso profesional de la cita.






viernes, 2 de septiembre de 2011

Consomé envasado para el lineal de la Edad del Fuego.

Víctor G. Pulido para "LinealCero".


A María y Fernando, para que hagan felices a sus padres.






Si el viaje al pasado pudiera ser una realidad física, un tangible espacio-temporal, esto es, si para su comercialización se pudiera materializar en producto, no dudaría en pensar que en “Viajes El Corte Inglés” instalarían un coqueto “corner” en el vetusto “Palacio de las Veletas”. En el escorado pasillo de salida para visitantes de esta sede del Museo Arqueológico Provincial de Cáceres, portón de “La Casa de los Caballos”, asigna mi ensoñación un par de sillas frente al mostrador para la agencia madrileña de turoperadores. Situado sobre él, un gran reclamo -bien podría ser una televisión de plasma o un vinilo adhesivo, según el gusto del lector- que rezara “Lo ha visto en el museo. Ahora vívalo de verdad: viaje a la Prehistoria”. Sin duda nos embarcaríamos ambos. Porque este amago de virtual viaje que sostenidamente corresponde a mi sola ficción acabaría con una vieja discusión real entre dos jóvenes amigos. Discusión, dicho sea, acerca del origen del comercio y circunscrita en torno a una cuestión tan concisa como aparentemente pueril: ¿cuál fue el primer producto de la historia elaborado para su comercialización: la lanza o el consomé? Accediendo al museo extremeño, cuya noble edificación alberga, en la ciudadela medieval cacereña, una de las colecciones más representativas de la arqueología lítica continental, para mí no cabe la menor duda. Para mi colega, un excelente conservacionista del Museo del Ejército confundido en su condición de museólogo por su porte militar, tampoco. Espero convencerle de mi postura tras su visita a los útiles de mis ancestros de Maltravieso. Él, persiguiendo la misma pretensión, trae consigo desde Toledo diapositivas en su i-pad de armamentos milenarios. Quien pierda la batalla dialéctica -más que historiográfica- invitará a su oponente a cenar en la "Real Hospedería Conventual de Alcántara" (antiguo Monasterio de la Orden). El castrense aún no lo sospecha, pero adivinen qué sirven allí de entre los platos entrantes y por qué*. Aquí empieza mi alegato.


"Palacio de las Veletas y Casa de los Caballos".


Antes del agua, no existía vida. Condición por la cual cayó sacia desde el cielo hasta cubrir fosas luego marinas. Con el transcurso de las centurias quiso el diluvio acabar la tarea hasta rebosar costas y acantilados. Una vez consumada tan titánica tarea, también cayó la llovizna incesante y fina para los seres y la vegetación de tan leve intensidad que no ahogara la vida que tanto esfuerzo había irrigado. Volviéndose intemporal ante la evolución, la lluvia vio desfilar bajo su regazo dispares especies hasta que, al fin, llegó el turno cósmico del homínido. El primer gran paso cultural del hombre, presenciado por la lluvia también, fue el útil. Su primer útil que se conociera en la historia (o mejor deberíamos sugerir prehistoria) fue una punta de arpón para la pesca. Pero la primera herramienta comercial sin duda fue la antorcha primigenia. Efectivamente, una rama de árbol desprendida y ya despoblada de sus frutos podía no sólo ayudar a mantener un fuego, sino a reavivarlo, a transportarlo. El esfuerzo nómada de llevar un recurso como la combustión viva allá donde se precisaba o no se conociera, exigía el reconocimiento para el portador de una contraprestación mediante un sistema de trueque. Bien podría ser que este menudeo acabara en fuego por agua (no salina); o bien, por qué no, de fuego por aire (entendiéndolo como la ausencia de su virulencia, esto es, refugio). Como dictara la paleontología que fuere, entendemos que este protocomercio, este intercambio de elementos naturales supuso la chispa que prendió el motor de la historia. Puesto que la humanidad nació bajo la misma aurora que vio concebir el comercio, éste se antepuso como conocimiento a lo hierático, al arte, a la técnica y a la ciencia.

Escolares, durante su viaje al pasado, en el museo cacereño.

Del regalo de un primer rayo ante un asentamiento estacional partió, en definitiva, todo: el fuego como refugio, la posterior agua de lluvia como sostén, el hielo como conservación, la sal como polvo arrastrado de sedimentos, el fraccionamiento de roca -por defracción eléctrica- como herramienta. Para entonces no obstante el germen de lo que sería el hombre ya se percató que la tierra en su contacto con la lluvia se transformaba en lodo, dibujando para el homínido la plasticidad de poder conferirle formas y volúmenes inspirados por su necesidad y moldeados tan sólo en su mente. Mas de esta suerte de parecer la materia no se transformaría al antojo de su imaginario, no bastaría con invocar al objeto para que éste se apareciera. Así, las vasijas de barro imaginadas no caerían del cielo como lo hizo el fuego. Por extensión de este inconcebible, tampoco los útiles evolucionados de caza emergerían caprichosamente de las rocas o restos óseos como así fue para las originarias puntas de lanzas; ni mucho menos los cuencos de arcilla espontáneamente concebidos vararían en la playa como los bivalvos por efecto de las mareas tras amanecer. A pesar de haber elaborado la naturaleza con sutilidad la taxonomía de la abundancia y la diversidad, fue aun así apremiante que, para que el comercio prosperase y la creación dirigiera sus propios designios, los dioses se negaran durante milenios a transformar las ideas de los hombres en objetos. Así el animal-hombre terminó asumiendo su emancipación de las deidades no esperando más de sus regalías que sus ya propias extremidades en un intento de aplicarlas sobre la materia bajo los dictados de su razón técnica. El adiestramiento de las manos y falanges lo dotó de interacciones prácticas y así los primeros de nuestra especie dieron forma y norma al recipiente de barro y cerámica para la conservación o maduración de los alimentos. Quiso no obstante la naturaleza que, a modo de premio por este logro evolutivo, la humanidad primigenia acertara con la cocción de los líquidos a partir de su extracción de los sólidos: de esta guisa convirtió el agua en caldo; y el caldo al mismo tiempo en sustento.


Restos arqueoneolíticos del "Museo
Arqueológico Provincial de Cáceres"


Puesto que partimos de la máxima según la cual el hombre se diferencia de los propios animales por aquello qué únicamente ellos pueden llevar a cabo para su propia subsistencia (lenguaje articulado y simbología, pensamiento crítico, ideación técnica, deificación de los fenómenos ambientales, capacidad de emulación o fingimiento, etc.), podemos concluir que los refinamientos gastronómicos propiciaron uno más a los diferentes tipos de inteligencia adaptativa que desarrollaron nuestros antepasados. La desecación de las carnes y la conservación de los caldos (en su mayoría compuestos de una importante cantidad de agua) fueron propiciadas por las bajas temperaturas, lo que generó un excedente en determinadas comunidades. Deliberadamente, el hombre comenzó a comerciar sus reservas elaboradas, envasadas, especialmente caldos, cuando dispuso al unísono de recipientes versátiles resistentes a la intemperie y la luz. Y allí nace la Historia, en un primer lineal prendido a lomos de un buey y una mula cargados de cántaros: la primera muestra de inteligencia cultural humana es, irrisoriamente, la elaboración de un consomé para su venta en la edad del Fuego. Lo que nos diferencia de las bestias, en un primer origen, es el comercio, no la escritura, no el lenguaje, no el arte. El hombre afanado en la conservación de sus elaboraciones fue la primera unidad de proceso cultural, ya no sólo de producción y comercialización. De hecho, tuvieron que transcurrir varios milenios para que la humanidad descubriera el metal, la ira y el odio. Con el mismo sílex o hierro que se abatían alimañas quisieron comunidades enteras, tecnológicamente más atrasadas y quizás carentes de recursos, emplearlas contras sus hermanos evolutivos. Fue entonces cuando el hombre primitivo comerció con armas cuando otros las demandaron: la mitigada caza por la presa tras la aparición de los cultivos dio lugar a la impulsada del hombre por el hombre. Mas mucho antes de la intervención de la guerra en el hábitat como sistema organizado de lucha, el agua se convirtió en caldo al igual que el barro en vasija; y, sólo cuando el hombre a través de la práctica bélica se retrotrajo animal, el comercio fue olvidado como proceso de progreso. Al igual que los animales, puesto que los guerreros no cocinan, ningún ejército tiene necesidad de comercialización.

*Cuentan las crónicas escribanas que durante la libración de la Guerra de la Independencia contra Francia, un alto mando de las tropas de ocupación, el General Junot, sustrajo en 1807 la “receta de consumado” a un monje durante su refugio en el Monasterio de la Real Orden de Alcántara. No es menos cierto que en Francia no conocieran nada parecido, pero la naturaleza española del caldo de “consommé”, que en nada debía su origen a la cocina francesa, añadía al proceso de cocción un mayor número de ingredientes. Gracias a este tratamiento, al caldo se le proporcionaba en la península una mayor densidad, textura y aroma; y ese fue el motivo por el cual, como todo buen francés amante de la cocina, Junot exportara el enriquecido toque ibérico al recetario del país cuya bandera defendía. Hoy el consumé se considera un plato típicamente francés, sirviéndose en la mesa por unidad de comensal.


"Real Hospedería Conventual de Alcántara".